La tragedia de unos pantys

“Tomó asiento en su banco de Plaza España, el que queda de frente a la puerta de la Torre emblemática de Madrid. Había llegado arrastrando su pierna izquierda, casi imperceptible debajo de ese abrigo más negro que gris por la mugre que hospedaba.[….] La aparición de ese hombre con traje a medida, de repente hizo que su postura pareciese impostada. Enderezó su espalda sin levantarse del banco, mientras cruzó sus manos sobre los muslos elevándose sobre sí misma. El guiño de su ojos profundizó sus arrugas y oscureció las ojeras.[….]”