Cada segundo, un segundo más

Regálame Tiempo

Existen tantas playas por fotografiar, puestas de sol por inmortalizar,  senderos por recorrer, acantilados y mares por capturar que siento que no me da la vida para tanto. Solo te voy a pedir una cosa más, querido destino, si es que me lo permites a estas alturas, prolonga cada segundo 1 segundo más,  y así  con todas las medidas de tiempo que conozcas, y regálanos tu generosidad , la que padeces por ser inmortal  e […]

La resaca

No vayas al encuentro de la vida, ella viene sola. Te sorprende o te asusta, te castiga o te abraza, pero sobre todo, te acompaña. No tengas prisa por saber que ocurrirá mañana, no sientas angustia por lo que aún no ha llegado. No aceleres el paso por anticipar ninguna cita. Párate. Mantén la calma, cierra los ojos y respira profundo. Siente este momento, ahora. El murmullo del café mientras se cuela por el filtro […]

Sonriente bailarina

Estaba deseando llegar. El peso de los días se había hecho insoportable. Tanto que sus piernas se habían unido sin avisar a la perezosa rutina de aquellos meses y se resistían a seguir pedaleando {…} La mochila de Anabel en aquellos 7 meses se había llenado, penas y alegrías casi por igual, pero en definitiva la notaba menos ligera de lo que habría esperado{…}Abandonó su bicicleta al resguardo de su almendro, y encaminó sus pasos hacia el sendero que bajaba a la orilla del arroyo. El invierno había hecho adelgazar el cauce por lo que sus pasos se prolongaron algo más hasta la orilla. El frio no iba a ser impedimento para un encuentro piel con piel……

Sigilosa bailarina

   Todos los días hacia el mismo recorrido . A través de las sendas de aquellos tiernos campos de cereal, Anabel pedaleaba hasta encontrar la sombra mas acogedora en todo aquel bello paisaje. Reposaba la burra sobre el tronco y dejaba que las sedosa flores de aquel almendro apaciguasen el agotamiento de su manillar. Mientras su compañera de andanzas dormitaba sobre el caucho de sus ruedas , Anabel bajaba sigilosa hasta la orilla del arroyo […]

Sueños fatuos

Me introduje en la bañera muy despacio, como queriendo acariciar el agua con cada centímetro de mi piel y que aquel líquido oleico sal marinado hiciese lo recíproco conmigo. Desde el pequeño cuadro de mando que había en el perfil derecho del jacuzzi pude conectar el hilo musical, elegí Sade y su Paradise, porque, no podía negarlo, aquello era el mismo paraíso.