La piel

La música siempre ha sido como una segunda piel para mi. Una manta que me envuelve y arropa cada vez que se tambalean en mi cabeza los pilares que la sustentan. Una especie de abrigo que me protege cuando al salir ahí fuera el gélido miedo se me hace insoportable. Hace dos años os conté en otro post qué había significado la música para cada momento de mi vida hasta cumplir los 40. Pues bien, llegados a los 42 si tuviera que elegir una canción para este año pasado, no tendría duda, ni una sola. Este año me quedo con  “Respirar” de Bebe.

Bebe apareció hace ocho meses en mi Spotify como una huella que me invitaba a seguir y  la elegí como mi musa porque me lanzaba a borbotones  las imágenes y los párrafos de mi nuevo proyecto narrativo.  Y aunque sigo pensando que esa canción tiene mucho de la historia de mi personaje, tiene casi más retazos de la mía en estos 12 meses.

En todo este tiempo, he tenido una sensación de estar cada vez  más ausente, inmersa en una carrera de fondo donde la meta se ocultaba permanentemente entre una niebla espesa y ciega. Casi sin oxigeno, con los pies cubiertos de plomo,  los momentos de calma  estaban cada vez más lejos , y ese  olor a podrido, más y  más denso, rodeándome. El pecho colapsado por una incesante y ansiosa respiración por la boca, y el corazón, a golpes, roto, una y otra vez.  Los días  se han ido precipitando unos contra otros sin poder aliviar el dolor,  sin dejarnos recuperar el aire en los pulmones, y hemos sido empujados por circunstancias a cada rato más implacables , hasta el final. La enfermedad se ha paseado entre nosotros, nos ha arañado con sus garras putrefactas, y nos ha dejado heridas, heridas de muerte, incluso. Y la de la guadaña, esa sí que se ha servido a gusto, con avaricia,  tanto que no ha parado hasta llevarse a quién no correspondía, a quién aún no le tocaba, ¡NO LE TOCABA JODER! Respirar para volver a vivir

 

Mi cabeza está todavía noqueada por un presente con exceso de tristeza, un pasado cargado de sobresaltos y un futuro incierto. Me digo, sí, el futuro siempre fue incierto, pero es que jamás lo miré con tanto miedo. E intento no estar aterrada,  pero cuando las escenas se han sucedido en una  hipérbole de la anterior, una no puede evitar tiritar antes de dar el siguiente paso o al  levantar los ojos para mirar a la cara al siguiente día, porque éste también parece  revelarse en blanco y negro.

Hecha trocitos trato de confiar en la luz del sol que subraya los colores de nuestros primeros paseos del año. Queriendo recomponer  la mente y el alma, escribo poco a poco sobre el papel todas las emociones, deseo cerrar esas puertas que ojalá hubieran tardado más tiempo en abrirse o que nunca lo hubieran hecho. Agradeciendo de un modo infinito seguir acompañada por mi seres queridos, mi familia,  que me mantiene con cierta cordura, ésta que me ha de ayudar a tirar esta piel vieja y con costra, y renovarla por otra con más brillo , y sobre todo , con más sangre , oxígeno y vida .

Comenzaré mis días cerrando los ojos, miraré al presente en silencio  para recordar que está conmigo todo lo que más quiero , y volver a respirar profundo para desterrar lejos todo este maldito miedo.

Aprendiendo de ti 2017, te recibo pleno 2018.

La piel vuelve a respirar

 

2 comentarios en “La piel

  1. Cómo sana respirar… Sólo después de algunas heridas se empieza a ver lo realmente bello. La belleza es igual que el miedo, ahí está, acompañando. ¿Cuántas cosas respiraremos juntas en 2018…?
    Un abrazo muy grande

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