La musica de mis 40

 Quizá porque mi nombre viene de una ópera, quizá porque me crié acunada por ella, rodeada de una de las más bellas expresiones del alma, mi vida ha estado siempre acompañada por la música. Pero para pena mía, no me ha sido concedido el don de crearla, tan solo el placer de disfrutarla, de deshacerme en pedacitos con cada una de las canciones que ha llenado de compases mis oídos, el corazón y mi ser entero.

Este es el año de mi cuarenta cumpleaños, ¡40 ya! . El ecuador de mi existencia según la esperanza de vida de esas macabras estadísticas que estoy decidida a quebrar. Y aunque, como digo, no he sido agraciada con una buena voz para acompañar esta retórica, sí lo voy a hacer con la palabra, con mis versos en prosa, estas estrofas que me permiten recomponer todos esos pedacitos. Y con ello, un recorrido por la música de estas cuatro décadas que seguro algo te suenan.

Tuvimos tardes de aquel sofá tapizado en espuma azul , frente a un moderno equipo modular de bafles que sonaban, según decía mi padre, como la mismisima Escala de Milán. Con su ducados colgando al borde de su espesa y larga barba negra y su infusión escocesa preferida en el vaso de culo grueso, nos acompañaba bailando por el salón de esquina a esquina. El compás de las piruetas y los efluvios de bailarinas estaban acompasados por La boheme y su Che gelida manina o Nessun Dorma de Turandot, Mi madre, enmarcada en su sonrisa imborrable, con su melena rubia y ávidos ojos verde aceituna nos observaba junto él, arropada por su brazo, recostados sobre respaldo del sofá, testigo de escenas más propias de principios de siglo XX que de los rockeros 80. El gusto de mi padre por aquellas melodías siempre nos supuso cierta extrañeza a mi hermana y a mí. Aquel bajo del sur de Madrid, nunca escuchó entre sus paredes al Fary, Manolo Escobar o a la Jurado, por contra Serrat o Mocedades se mezclaban con Verdi, Puccini o el Pourquoi Me Reveiller de Massenet.

“Ponla otra vez papá, pon esa que dice “La donna e mobile, cual piu mal vento, mucha de ccento e di pensiereeeeee” y calzábamos las piruetas sobre sus pies y nos abrazaba intentando sobrepasar nuestros frágiles cuerpos con todo el amor que desbordaba al ver que disfrutábamos en forma alguna de su pasión, su absoluta pasión.

Los hombre G, Tenessí, o Danza invisible con su Sabor de amor fueron arrinconando a los clásicos en nuestra etapa más rebelde. El Sufre Mamón o el marcapasos de Marta comenzaron a susurrarnos en las tardes de parque sentadas sobre las láminas de acero ardiente de aquella caldera del jardín. Una de nosotras, la más valiente o la más vaga, probaba primero y si conseguía mantener su trasero más de 2 minutos sobre el metal incandescente sin pegar un brinco, entonces las demás formábamos un corro de preadolescentes coreando y suspirando por los primeros protagonistas de nuestro recién estrenado corazón.

Entre el Venecia y el Suéltate el pelo, jamás imaginamos que aquel circulo de amistad quedaría huérfano por siempre. Y es que entendimos que al igual que la música y las notas de una canción se terminan, de un modo algo prematuro, descubrimos que nuestras historias tampoco serían eternas. Primera lección, la vida había que aprovecharla, devorarla a cada instante como si, efectivamente , no hubiera un mañana.

Rota , ansiosa y desmembrada busqué consuelo en el amor de mi vida. Ahora sé que es el amor de mi vida. Entonces realmente fue un capricho , un paño para mis lágrimas y mi egoísta necesidad de pasar una página tan amarga. Y entonces comenzamos a mezclar a mis Hombre G con su Erasure, mi Rick Aslhey con su Depeche Mode o el Here we are de Gloria Estefan por The Police y su Every Breath you Take. Tanta fue la eclosión de este encuentro musical que sellamos nuestra relación , y con la música, con la canción de Roxette y su romántica balada de Pretty woman. Un poco pastel, lo sé. Y el caso es que aquello debía ser amor y no solo un capricho, pues aquí seguimos 26 años después, compartiendo, riendo y llorando a ratos también, pero sobre todo, bailando de puntillas desde el amanecer y hasta el ocaso, al son de los tambores de nuestro particular tres por cuatro en clave de sol .

Aquello trajo a dos farolillos, que a veces son como  antorchas, que hoy me guían, que tiran de mi cada mañana, y me sacan de la cama, y de mis casillas casi todos los días, y me hacen continuar mirando hacia el frente. Con mis niños vinieron los Besos de El canto del Loco o los primeros temas sociales de esa bendita BéBe, y mi colombiano preferido y su Camisa negra, mi Guardián de las noches en vela con la nana más bonita del mundo. Durante un tiempo nuestras melodías se vieron desterradas por los Cantajuegos y el Mickie Mouse. Pero lo hicimos conformes, sabiendo que era tiempo de infantilismos, y que estos, tenían los días contados.

Pero ¡por Dios!, sería imperdonable olvidarme del niño de la Peca y su Libre, haciendo bailar al Pipo y a todos nosotros en aquellas fiestas amenizadas con el ímpetu y las soberbias ganas de aquellos jovenzuelos, que deseaban comerse el mundo a través de la libertad de aquellos móviles de la nueva generación, la amenoide.

Coldplay y su Viva la vida me devolvió al presente musical. Nos sacó de la hormiguita que se subía por todos lados, la arañita, o el espagueti molón y demás fauna animada, benditas tardes de “Cantajuegos” con mi primogénito. Y comencé a recuperarme , a encontrarme entre la letras de One Republic, de Keane, de Regina Spektor o de maravillosa voz de Adele. Como si fuese un castillo de lego, las piezas empezaron a encajar, una tras otra, letra tras letra, notas tras nota. Y entendí que mi melodía no se encontraba en los números  y las cifras que calculaba y  marcaba en mi día a día, jornada a jornada. Me sorprendí utilizando de nuevo la otra parte del teclado del portátil, ordenando los caracteres para formar palabras, y con ellas frases, párrafos e historias, producto de la realidad elevando mi imaginario a la enésima potencia. Aquel que había ido construyendo con mis experiencias vitales, gracias a la literatura que escudriñaba a ratos en el metro o a escondidas en el trastero, y a un presente que nos acontecía tan surrealista como abrupto y hortera. Todo ello sin perder de vista y del oido, jamás, a la música, con esos pentagramas llenos de solfas y letras que siempre han sido capaces de traducirme, interpretarme y empatizar con mi alma.

En todos estos años he estado muy muy acompañada, no solo por la música. Por vosotros, que fuisteis, sois y seréis mi columna vertebral. Unos más cerca, otros lamentablemente más lejos, pero desde luego , siempre en el centro de mi pecho, palpitando. Segunda lección: el mundo está lleno de personas que completan tu existencia , para bien o para mal, pero la completan y tienes que hacérselo saber. A todos vosotros os dedico y os envío la fuerza de esta ultima canción, esperando que su profundo y poético verso se convierta en vuestro karma, en vuestro leitmotiv y que, como a mí, os guíe  en buena parte de esos intensos momentos de vuestras vidas.

Este año que cambio de prefijo al 4, como dijo mi compañera y que con su permiso me apropio, hoy digo, he decidido que voy a buscar La Belleza, hasta el infinito, allá donde se encuentre, allá donde me lleve, porque existe , cierto es. Está en tu risa, en sus besos, en tu mano amiga, y en vuestras palabras de aliento.En esas carreras para alcanzar al sol antes de que se esconda porque algún día correré de nuevo contigo Eva. En las cálidas y animadas celebraciones de mi amada y gran familia, en esas conversaciones con las amigas en el parque mientras comemos pipas y nos consolamos mientras ellos crecen. En los whatsapp desde el otro lado del atlántico amarrando bien nuestros corazones Cynthi. En las noches de sereno buscando la inspiración para escribir algo que os mantenga alerta, aquí, pegaditos a mi teclado.

La Belleza de Rozalen (original de Aute), me la dedicó mi otro yo, mi bastón y mi mitad. Porque ella es la Belleza misma, aunque no quiera verlo, aunque le cueste reconocerlo porque sé que también anda buscándola. Ella es la culpable de todo este relato, de que ame la música casi tanto como la amo a ella, mi siamesa.  Ha sido, es y será la coprotagonista, la segunda bocal de este dueto. Porque en Ella , como dice esta maravillosa canción, tengo la absoluta certeza de encontrar en su mirada, La Belleza, SIEMPRE. Para ti Itziar

 Para Vosotros.

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