El medio punto 

   Por fin encontré la puerta , al final de una escalinata, una herradura enmarcada en medio punto , el camino hasta tu alcoba , el sendero a nuestra felicidad . Apresure el paso para acompañar la celeridad que había tomado las pulsiones de mi corazón. Ansiaba tocar tus manos , anudar mis dedos con los tuyos y acariciar tus labios de azucena.Las estrechas calles parecían laberintos empedrados que se abrían a mi paso cómplices […]

Cordura incandescente 

   Y quise pedir un deseo. Aproveché que el viento se había tomado un descanso y corrí a la alacena de pino barnizado en busca de un mechero que prendiese la mecha . Reflexioné a cámara lenta sobre lo que, de verdad, quería implorar a aquella llama , lo que sin más dilación era el ultimo deseo antes de partir de aquel santuario de la razón. Aspiré el olor a dama de noche y rosas […]

Cinco euros y una bolsa de pipas

Justina rodea despacio el tablero mientras se oye el agudo y lejano portero automático que sale de la cocina. Se acerca a la ventana. Corre las cortinas con una mano. Queda apoyada sobre el cristal y contempla, desde más cerca, la cara de aquel chiquillo despegado. La anciana suspira. Igual de rubio que su padre, pero tiene más pelo, en eso ha salido a su madre. A su padre también se le daba bien la pelota, cuántas bombillas de la maquina rompió con los goles que metía en casa mientras yo terminaba los pantalones para Sepu. ¿Y no mirará pa’rriba, el desgraciao éste? Mira que no subir a darme un beso…..

Zaida, por las ruinas de Palmira 

Sabía que el camino iba a ser peligroso , cansado , incluso incierto , pero supo entender las señales.Zaida miró a través de la reja , esgrimió con sus pupilas el horizonte al alba. Bello , tan bello como una de esas postal para turistas de las que ojeaba en las galerías comerciales de su ciudad natal . Un escalofrío le hizo sentir el frío traidor de las mañana de marzo, volvió su cabeza para […]

Con las cuerdas de una guitarra

Comenzó a tocar las cuerdas con prudencia para no asustar a sus distraídos acompañantes. Pronto se formó un corrillo a su alrededor que mejoraba la acústica del lugar. José entreabría los ojos mientras sus dedos mimaban a su guitarra y aprovechaba para echar un vistazo a quienes frente a él, escuchaban el conjunto de sus notas. En ocasiones, imaginaba que se elevaba sobre todos ellos, abandonaba su cuerpo y, en una especie de estado metafísico, se apresuraba a comprobar si ella había venido o no.[…] Al flautista de Hamelit portugués se le agarrotaba el cuerpo a la vez que se le llenaban las venas de sangre a borbotones cada vez que daba comienzo su espectáculo. José se iniciaba acariciando los tendones de su fiel compañera sólo para que una de ellos volviera[…]